Kirabdel

Un universo colaborativo

Autor: Marta Vidal Página 1 de 4

#LeoAutorasOct – Editorial Cerbero

#LeoAutorasOct es una iniciativa de visibilización de la mujer escritora.

Ayuda a visibilizar autoras. En octubre lee, comparte y recomienda libros escritos por mujeres.

#LeoAutorasOct

Esta semana vamos a hablar de la Editorial Cerbero, que no necesita especial compromiso con #LeoAutorasOct porque particicipa activamente en #LeoAutoras todos los meses, todo el tiempo.

La editorial, especializada en literatura de género (cifi, terror, fantasía), también se especializa en visibilización, y en su catálogo da prioridad a autoras de forma consciente. Acción afirmativa, que se llama esto, y dirigida, en este caso, a un cambio social que ya está abriendo ojos y oídos a la voz de las mujeres, silenciada por milenios.

Durante el #LeoAutorasOct de 2019 comparten en su blog un relato al día, ¡a leer!

Además, el catálogo digital de Cerbero está en Lektu, y eso nos gusta mucho porque comprar no es alquilar.

Déjate sorprender, lee autoras.

#LeoAutorasOct 2019 – Cazador de Ratas y Natalia Gómez Navajas

#LeoAutorasOct es una iniciativa de visibilización de la mujer escritora.

Ayuda a visibilizar autoras. En octubre lee, comparte y recomienda libros escritos por mujeres.

#LeoAutorasOct

Esta semana destacamos la oferta-propuesta de Cazador de Ratas para este #LeoAutorasOct de 2019, que comienza con una semblanza de Buzali. El origen, de Natalia Gómez Navajas.

#LeoAutorasOct 2019 – Natalia Gómez Navajas, Cazador de Ratas

Post Scriptum 02, Carne. Alicia Pérez Gil

No he leído Barro, el primer libro de Post Scriptum, pero entiendo que, aunque las novelas estén relacionadas, se pueden leer independientemente. 
Quizá me pierdo algo, la posibilidad de ver una evolución entre ellas, no sé.

Carne va de individuo, de identidad y de sociedad; de rehacerse, de desencasillarse, de cuestionar y de vencer el miedo del que nos alimenta el colectivo.

Los protagonistas son como dos partes de un todo: la parte que se aventura y la que solo sale de su zona de confort alentada por los descubrimientos de la otra.

Se presenta un contraste de entorno aséptico y relación indirecta, siempre en el envoltorio de plástico, frente a la vastedad sensorial del contacto físico. Oler el mundo frente a oler aire tratado y reciclado, oír personas frente a oír televisiones, tocar piel contra textura frente a palpar desde un guante…

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Cómo ser mujer, Caitlin Moran

Me tocaba comentar sobre Cómo ser mujer de Caitlin Moran y lo he estado retrasando porque tiene su complicación.

La autora toca puntos relevantes y casi llega a plasmar alguna reflexión interesante; pero, nada, no lo consigue. La forma de hacerlo es pésima y fracasa rotundamente.

Esta doble percepción es la que me complica construir una opinión. En mi caso, pesa más la parte negativa y no puedo evitarlo.

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One Love, María Angulo Ardoy

One Love, una familia en un solo cuerpo. El título es de lo más adecuado, un poco “solo puede quedar uno”, uno de los Love.

Delicioso de leer, te atrapa y te agobia como la cárcel que describe.

Transcurre la historia en escenas, como flashes de recuerdos de los momentos en que intuyes algo sin saber el qué. Y luego es tarde, claro.

Sabes cómo va a acabar, otro final no tendría sentido, pero continúas leyendo y queriendo que sea de otra manera, sabiendo que es imposible.

En muy pocas páginas nos lleva la autora a una angustia profunda y nos da un repaso, como individuos y como sociedad. Tiene de cifi el contexto y de terror la angustia y la atrocidad de llevar a una persona a la extinción, dentro de sí.
El desarrollo genético-tecnológico es lo de menos en esta historia, que no trata de ciencia avanzada, sino de personas; hace crítica social desde dos psicologías enfrentadas, una que abusa y otra que cede.

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La Compañía Amable, Rocío Vega

La compañía Amable es una historia sobre el cariño, el afecto, el amor… Porque por una amiga…

Tuve el gusto de escuchar aquel primer fragmento con la voz maravillosa de Carlos Velilla y quise leerlo.

He visto algunas reseñas en las que se le critica cualquier cosa y asumo que vienen de lectores que no sabían qué estaban leyendo. La compañía Amable no es un libro para devanarte los sesos con una trama archicompleja ni con un estilo de sintaxis subordinante y significados múltiples que rizan el rizo hasta que no se puede rizar más.

Hay que entender el libro como lo que es: una colección de anécdotas; por eso no hay una continuidad en la que de una subtrama se transita a otra como parte natural de la historia, sino que las varias historias empiezan y acaban como capítulos de una serie tradicional, con unos personajes comunes y una trama de fondo que da sentido al conjunto.

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Milkman, Anna Burns _contiene spoilers_

Si la esclavitud cotidiana no irrumpiera y entorpeciera el hábito vocacional voluntario o preferente, Milkman se leería en un suspiro. Pero un suspiro de los de contener el aliento por momentos.

En general, leo en reseñas y comentarios que Milkman va de un acoso, que es la historia de una joven importunada por un señor de la cúspide de la jerarquía social, como un capo de la mafia, con mandados y muy peligroso.

Yo creo que va del miedo y lo que con miedo se construye. Para mí, Milkman trata de la auto represión derivada de la represión de origen externo y por eso tiene ese efecto de claustrofobia. El miedo minando personas, deshumanizando.

Sea cual sea tu interpretación más general, siempre tendrá matices y quedará incompleta al explicarla.

A continuación hablo de mis impresiones sin tapujos, pero he hecho una reseña más breve (y aún extensa) en Goodreads donde sí uso las etiquetas de spoiler y creo que puedes leer sin riesgos. Clic en el enlace para leer mi reseña de Milkman en Goodreads.

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Sentí la globalidad

Estaba leyendo el Cómo ser mujer de Caitlin Moran y sentí la globalidad de rebote.

Cuando mis padres eran veinteañeros eso de Londres, Roma o París eran capitales mayores, sitios casi alienígenas donde había cosas increíbles, desde moda textil impensable hasta grupos musicales transgresores y hábitos fascinantes como el té de las 5 (que es a las 6).

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Decía Ana Luz que de «pasito» nada, que «El Paso»

Vivimos tiempos de sequía creativa y no me da ni para bloguear como es debido.
Traigo ahora información fresca aunque con retraso —como poco es refrescante—.

Como muchos sabéis, entre mis targets editoriales estaba la Editoral Cerbero, que me tenía muy enamorada ya desde hace un año. Y resulta que son los únicos con la recepción de manuscritos abierta en el momento en que decido dejar de darle vueltas a la criatura.

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El lenguaje inclusivo y yo

Yo también dije que estábamos volviéndonos locos con el lenguaje inclusivo y que era importante entender la diferencia entre género gramatical y género sexual.

Esto fue hace diez o quince años, cuando la teoría queer era algo lejano y cuyo nombre desconocía. El movimiento queer era muy joven, no había cumplido los veinte años aún y el transfeminismo estaba recién bautizado.

El problema de inclusión era tan básico y esencial que yo sólo pude reducirlo a lo inmediato, y el lenguaje inclusivo me parecía un esfuerzo vano, un intento casi retorcido de igualizar artificialmente el lenguaje cuando quedaba tanto por igualizar en la vida. ¿Cuál podia ser la relevancia de una lengua escrita más igualitaria si no tenía una solución válida en el habla? El habla es el pan de cada día, ¿cuánto me ayuda escribir «todxs» si no puedo pronunciarlo? Por supuesto, entendía que ciertas palabras de herencia sexista se acomodasen a la nueva realidad; en el lenguaje, como en la vida, tenía que haber médicas y enfermeros. Pero evitar «el cuerpo de maestros» porque es masculino, tener que citar cada vez «maestros y maestras», «alumnas y alumnos» conducía a una complicación innecesaria.

—¿Pero por qué va primero el masculino?
—Usté perdone, diré «maestras y maestros», entonces.
—¡No se trata de una concesión! Hay que naturalizarlo.
—¿Pero cómo? ¿A las maestras y maestros y/o maestros y maestras?

Me parecía una forma de comunicación engorrosa y no veía que favoreciese en nada los problemas que sí me preocupaban: la mujer trabajadora, la conciliación laboral, la implicación igual del varón en el cuidado de la casa y de los hijos, la violencia de género, la misoginia generalizada… Y no pensé entonces en el problema de quien no se considera ni esto ni lo otro, el problema de la imposición de un binarismo sexual que simplifica —de manera artificial— algo más complejo y genera un conflicto porque no todos entendemos la sexualidad a la manera de la norma arbitraria que se impuso años atrás.

Sí entendía que no tenemos por qué estar todos cortados por el mismo patrón y que la libertad sexual pasa por aceptar que hay otras opciones diferentes e igual de sanas y naturales que la heterosexualidad monogámica que nos han metido por los ojos, particularmente si esta, la heterosexualidad monógama, es de hecho libre y no forzada o condicionada por una sociedad sometida al juicio de poderes misóginos. Pero no supe ver el lenguaje como una herramienta para desterrar los instintos conservadores, para actualizar la mente colectiva y para reflejar una sociedad que, cuando menos, cuestiona los valores del heteropatriarcado y apunta a su obsolescencia, por fin.

Creo que la evolución social y la evolución individual vienen juntas con frecuencia. Un cambio en cada individuo causa cambio social si son muchos individuos o si tienen la suficiente relevancia; y un cambio social repercute, necesariamente, en el individuo.

La sociedad es un ente y evoluciona, es inevitable. Algunos individuos somos más resistentes al cambio y tendemos al conservadurismo, ya hemos reflexionado, ya hemos sopesado y ya hemos decidido: estamos cómodos en nuestras convicciones y no queremos pasar por ese trabajo de cuestionarlo todo otra vez. Otros somos más flexibles y nunca dejamos de reconstruirnos, nos incomoda la estasis forzada y abrazamos la renovación.

Acepto mi error conceptual y abrazo el cambio. Sí creo que se puede usar el lenguaje como herramienta y que es elección de cada uno, pero creo también que el respeto pasa por tener en cuenta a las minorías oprimidas. El colectivo que no encaja en el binarismo sexual, está discriminado por el lenguaje tradicional; y la condición social desigual de las mujeres respecto a los hombres se refuerza en el lenguaje tradicional por ausencia de formas femeninas generalistas o de una forma neutra que no acarree los valores heteropatriarcalistas de antaño.

El cambio no es necesario en términos de comunicación, es imprescindible en términos de respeto y de reivindicación. Es un símbolo y es reflejo de una sociedad abierta a una nueva concepción de sí misma.

No se trata de eliminar el «todos» que ya está ahí como forma de plural neutro, se trata de aceptar y naturalizar el «todas» con el mismo valor, precisamente porque no está.

Asumir «lo masculino» como norma en la lengua no acarrea ningún daño si la sociedad está madura en igualdad de género, pero resulta que no lo está (la prueba son todos aquellos que no se ven representados ni respetados en sociedad, que por no verse reflejados ni en un «él» ni en un «ella» se ven como una anécdota o una anomalía; y la prueba son todos los datos comparativos que nos salen por las orejas: violencia, oportunidades laborales, salarios, tareas del hogar, cuidado de los hijos, etc).

Nos estamos formando, estamos aprendiendo, y estamos cambiando, pero aún queda mucho por hacer, y el lenguaje sí supone una barrera más si la sociedad en su conjunto no ha aprendido aún que no somos necesariamente binarios, y que no hay taras biológicas que hagan a la mujer más incapaz que el hombre, ni ventajas evolutivas que hagan al hombre más capaz que la mujer. El lenguaje no es otra cosa que una herramienta para asentar la igualdad y el respeto, y a la vez es un reflejo de esa maduración social, o del deseo social de alcanzar una igualdad real.

Por supuesto que nadie está obligado a usar el lenguaje inclusivo —no lo estoy haciendo—, pero no condenemos a quien impulsa el cambio, a quien utiliza cuanto está a su alcance para hacernos mejores a todas

 

  • Este vídeo (YouTube, 11 min) es muy recomendable para empezar a reflexionar sobre estos movimientos, queer y transfeminismo, que  menciono al comienzo.
  • Esta entrada del blog «Escritura feminista» explica el transfeminismo de forma breve.
  • Y la teoría queer otra vez (el mismo enlace que tengo arriba).

 

 

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