Kirabdel

Un universo colaborativo

Categoría: Escribir

Decía Ana Luz que de «pasito» nada, que «El Paso»

Vivimos tiempos de sequía creativa y no me da ni para bloguear como es debido.
Traigo ahora información fresca aunque con retraso —como poco es refrescante—.

Como muchos sabéis, entre mis targets editoriales estaba la Editoral Cerbero, que me tenía muy enamorada ya desde hace un año. Y resulta que son los únicos con la recepción de manuscritos abierta en el momento en que decido dejar de darle vueltas a la criatura.

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A vosotros, los que creéis en mí

Si la novela sale para adelante cuenta conmigo para que la compre y lea. La escritura siempre fue lo tuyo… pero te decantaste por la ciencia.

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Migrando

Como muchos sabéis, he empezado un camino que abre paso a la gran pasión de mi vida: la escritura.
Para ello, creí conveniente preparar mis redes sociales porque esto me lo estoy tomando en serio, y he estado muy atareada:

  • He escrito una novela.
  • He sometido a la criatura a corrección y a procesos beta.
  • He creado mi página de escritora en Facebook (@martatrvidal)
  • He creado mi perfil de escritora en Twitter (@martatrvidal).
  • He indagado acerca del proceso de publicación de una novela.
  • He encontrado editoriales en las que encajaríamos muy bien las dos, mi novela y yo.
  • He reescrito mi novela.
  • He re-beteado y re-corregido mi novela.

Y también he pensado que con eso no basta y que Diego tenía un universo entre manos, que lo quería poner a prueba y que las pruebas se ralentizan porque no es fácil poner de acuerdo a un lote de gente de edades diversas, de perfiles variados y asentados en localidades distanciadas.

Diego ha sido de mucha ayuda en el proceso creativo de La cuna de las almas, con paciencia para escuchar mis inseguridades, optimismo para animarme y criterio para ayudarme a madurar ideas y para definir o matizar aspectos de la novela que rompen con la fantasía clásica del héroe y del elegido.

El universo en el que se desarrolla la historia está apenas esbozado en la novela. Vemos un pequeño fragmento de un mundo entre muchos y apreciamos pinceladas de magia con trazos esquemáticos, sin sombreados ni matices que la enriquezcan. Queda mucho por contar.

Diego, por su parte, también tenía muchas ideas en su tintero y su esbozo de universo bien podía fusionarse con el mío y juntos podíamos dar a luz un proyecto que, de alguna manera, siempre estuvo en nuestras mentes: Kirabdel.

Queremos que Kirabdel te ofrezca el material que necesitas para tus campañas roleras, pero también que te inspire y puedas desarrollar tus propios dibujos, relatos e ideas. Con el tiempo nos gustaría llegar a formar una plataforma de fanart, una comunidad dinámica donde la capacidad creativa de la comuna colaboradora rehaga a Kirabdel continuamente, llenándole de contenido original y versátil que podamos usar en nuestras campañas, nuestras novelas y nuestras tiras cómicas.

Por eso Kirabdel tiene un rincón para La cuna de las almas y para Marta Vidal, la escritora. Y por eso hemos importado las entradas más lietarias de Marta, la persona, desde blogs más antiguos. Encontraréis aquí las entradas más relacionadas con las letras, los libros y la literatura, y alguna que otra que, por entrañable o porque sí, creí conveniente traer también.

Aunque Kirabdel sigue en gestación, su magia lo proyecta en las coordenadas de nuestro aquí y ahora como soporte de difusión de La cuna de las almas.

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¿Por qué escribo?

Juan Freire fue uno de mis profesores y además, odia escribir. También lo lleva mal Miqui Otero, y lo detesta con su alma Daniel Ortiz Amézaga.

Yo no lo tengo claro, pero si me he puesto con esto de por qué escribo es un poco por culpa de mi jefa de laboratorio literario, que me recordó que la cosa de escribir no es una orgía de ideas y devastación creativa desenfrenada, sino un suplicio.

Un suplicio, tal vez, pero un suplicio que nos llena. Y somos masocas.

No sé si me gusta o no. No sé si lo amo o lo odio. ¿Soy adicta?

Quizá lo mío no es la deriva placentera y relajante que, al parecer, es para tantos. Pero tampoco la tortura innombrable de los que, con tanto que dicen sufrir, van y escriben. Quizá lo mío no es ni blanco ni negro.

Quizá hay una amplia gama de grises y yo puedo sentirlos todos. Uno, una vez; otro, otra; variando según tantos factores que resulta imposible enumerarlos.

Tiene sentido que sea así, porque en general, no me toca ni el blanco ni el negro. En general puedo ver malo en lo bueno y bueno en lo malo. En general, estoy hecha de matices, voy a veces, vengo otras, subo a un piso y bajo a otro.

Me han dicho que les relaja, que les entretiene, que les sirve de consuelo, de desahogo y hasta para ordenar sus ideas.

A mí escribir me consume. Me deja sin vida cuando ando absorta y no tengo cerebro para otra cosa que dar forma a una trama que se me atraganta; me crispa cuando los dedos se retrasan lo suficiente para que se me pierda el hilo; me decepciona cuando lo que escupen las teclas ya no se parece a la delicia armónica y suave que nació en mi mente; y me frustra cuando no apunté esto o aquello y no consigo recuperar la idea esas que pierdes, son siempre brillantísimas.

En el cénit del proceso literario el efecto de escribir una novela se parece mucho a los síntomas de una crisis de estrés:

  • No te la puedes quitar de la cabeza y no prestas atención a otras cosas que estás haciendo.
  • Todo te preocupa, te la pasas arreglando algo que no ha ocurrido aún o previendo consecuencias de algo que tal vez jamás ocurrirá, porque esa idea a la que tanto has dedicado, tal vez decidas descartarla.
  • Miras atrás una y otra vez, porque quizá haya que empezar la trama antes, o después.
  • No duermes porque la estás pensando, no vives porque la estás madurando.
  • Tu novela te preocupa tanto que hasta te da miedo que le pase algo, ¿pero qué le va a pasar si no es que la saques de ti de una puñetera vez? Y a ti te duele la criatura como una extracción molar sin anestesia.

¡Es un sinvivir!

Te cuesta decidir si hacer o no tal o cual cambio, te emocionas con una nueva idea, te da miedo abandonarla; te parece que el estilo es pobre, la trama una mierda y la novela el error de tu vida. No escuchas a la gente y estás deseando que te dejen en paz para poder pensar en tu novela. Sueñas con personajes, con alguna trama o con escribir… si tienes la suerte de conciliar el sueño. Probablemente tomas más café que nunca y, si eres fumador, enciendes más cigarros aunque luego se consumen en el cenicero.

Y después de todo esto, llega ese momento en el que la criatura está a punto de ver la luz, y si debería uno sentir al fin la plenitud y la satisfacción del nacimiento, lo que algunos sienten es una inseguridad tan grande, que se los come.

¿Cómo puede relajar?

Escribir es frustrante y cansino y, encima, permanece, para que siempre pueda venir alguien a recriminarte lo que una vez dijiste.

Y entonces, ¿POR QUÉ ESCRIBO?

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