Kirabdel

Un universo colaborativo

Categoría: Opinión

Post Scriptum 02, Carne. Alicia Pérez Gil

No he leído Barro, el primer libro de Post Scriptum, pero entiendo que, aunque las novelas estén relacionadas, se pueden leer independientemente. 
Quizá me pierdo algo, la posibilidad de ver una evolución entre ellas, no sé.

Carne va de individuo, de identidad y de sociedad; de rehacerse, de desencasillarse, de cuestionar y de vencer el miedo del que nos alimenta el colectivo.

Los protagonistas son como dos partes de un todo: la parte que se aventura y la que solo sale de su zona de confort alentada por los descubrimientos de la otra.

Se presenta un contraste de entorno aséptico y relación indirecta, siempre en el envoltorio de plástico, frente a la vastedad sensorial del contacto físico. Oler el mundo frente a oler aire tratado y reciclado, oír personas frente a oír televisiones, tocar piel contra textura frente a palpar desde un guante…

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Cómo ser mujer, Caitlin Moran

Me tocaba comentar sobre Cómo ser mujer de Caitlin Moran y lo he estado retrasando porque tiene su complicación.

La autora toca puntos relevantes y casi llega a plasmar alguna reflexión interesante; pero, nada, no lo consigue. La forma de hacerlo es pésima y fracasa rotundamente.

Esta doble percepción es la que me complica construir una opinión. En mi caso, pesa más la parte negativa y no puedo evitarlo.

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One Love, María Angulo Ardoy

One Love, una familia en un solo cuerpo. El título es de lo más adecuado, un poco “solo puede quedar uno”, uno de los Love.

Delicioso de leer, te atrapa y te agobia como la cárcel que describe.

Transcurre la historia en escenas, como flashes de recuerdos de los momentos en que intuyes algo sin saber el qué. Y luego es tarde, claro.

Sabes cómo va a acabar, otro final no tendría sentido, pero continúas leyendo y queriendo que sea de otra manera, sabiendo que es imposible.

En muy pocas páginas nos lleva la autora a una angustia profunda y nos da un repaso, como individuos y como sociedad. Tiene de cifi el contexto y de terror la angustia y la atrocidad de llevar a una persona a la extinción, dentro de sí.
El desarrollo genético-tecnológico es lo de menos en esta historia, que no trata de ciencia avanzada, sino de personas; hace crítica social desde dos psicologías enfrentadas, una que abusa y otra que cede.

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La Compañía Amable, Rocío Vega

La compañía Amable es una historia sobre el cariño, el afecto, el amor… Porque por una amiga…

Tuve el gusto de escuchar aquel primer fragmento con la voz maravillosa de Carlos Velilla y quise leerlo.

He visto algunas reseñas en las que se le critica cualquier cosa y asumo que vienen de lectores que no sabían qué estaban leyendo. La compañía Amable no es un libro para devanarte los sesos con una trama archicompleja ni con un estilo de sintaxis subordinante y significados múltiples que rizan el rizo hasta que no se puede rizar más.

Hay que entender el libro como lo que es: una colección de anécdotas; por eso no hay una continuidad en la que de una subtrama se transita a otra como parte natural de la historia, sino que las varias historias empiezan y acaban como capítulos de una serie tradicional, con unos personajes comunes y una trama de fondo que da sentido al conjunto.

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Milkman, Anna Burns _contiene spoilers_

Si la esclavitud cotidiana no irrumpiera y entorpeciera el hábito vocacional voluntario o preferente, Milkman se leería en un suspiro. Pero un suspiro de los de contener el aliento por momentos.

En general, leo en reseñas y comentarios que Milkman va de un acoso, que es la historia de una joven importunada por un señor de la cúspide de la jerarquía social, como un capo de la mafia, con mandados y muy peligroso.

Yo creo que va del miedo y lo que con miedo se construye. Para mí, Milkman trata de la auto represión derivada de la represión de origen externo y por eso tiene ese efecto de claustrofobia. El miedo minando personas, deshumanizando.

Sea cual sea tu interpretación más general, siempre tendrá matices y quedará incompleta al explicarla.

A continuación hablo de mis impresiones sin tapujos, pero he hecho una reseña más breve (y aún extensa) en Goodreads donde sí uso las etiquetas de spoiler y creo que puedes leer sin riesgos. Clic en el enlace para leer mi reseña de Milkman en Goodreads.

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El lenguaje inclusivo y yo

Yo también dije que estábamos volviéndonos locos con el lenguaje inclusivo y que era importante entender la diferencia entre género gramatical y género sexual.

Esto fue hace diez o quince años, cuando la teoría queer era algo lejano y cuyo nombre desconocía. El movimiento queer era muy joven, no había cumplido los veinte años aún y el transfeminismo estaba recién bautizado.

El problema de inclusión era tan básico y esencial que yo sólo pude reducirlo a lo inmediato, y el lenguaje inclusivo me parecía un esfuerzo vano, un intento casi retorcido de igualizar artificialmente el lenguaje cuando quedaba tanto por igualizar en la vida. ¿Cuál podia ser la relevancia de una lengua escrita más igualitaria si no tenía una solución válida en el habla? El habla es el pan de cada día, ¿cuánto me ayuda escribir «todxs» si no puedo pronunciarlo? Por supuesto, entendía que ciertas palabras de herencia sexista se acomodasen a la nueva realidad; en el lenguaje, como en la vida, tenía que haber médicas y enfermeros. Pero evitar «el cuerpo de maestros» porque es masculino, tener que citar cada vez «maestros y maestras», «alumnas y alumnos» conducía a una complicación innecesaria.

—¿Pero por qué va primero el masculino?
—Usté perdone, diré «maestras y maestros», entonces.
—¡No se trata de una concesión! Hay que naturalizarlo.
—¿Pero cómo? ¿A las maestras y maestros y/o maestros y maestras?

Me parecía una forma de comunicación engorrosa y no veía que favoreciese en nada los problemas que sí me preocupaban: la mujer trabajadora, la conciliación laboral, la implicación igual del varón en el cuidado de la casa y de los hijos, la violencia de género, la misoginia generalizada… Y no pensé entonces en el problema de quien no se considera ni esto ni lo otro, el problema de la imposición de un binarismo sexual que simplifica —de manera artificial— algo más complejo y genera un conflicto porque no todos entendemos la sexualidad a la manera de la norma arbitraria que se impuso años atrás.

Sí entendía que no tenemos por qué estar todos cortados por el mismo patrón y que la libertad sexual pasa por aceptar que hay otras opciones diferentes e igual de sanas y naturales que la heterosexualidad monogámica que nos han metido por los ojos, particularmente si esta, la heterosexualidad monógama, es de hecho libre y no forzada o condicionada por una sociedad sometida al juicio de poderes misóginos. Pero no supe ver el lenguaje como una herramienta para desterrar los instintos conservadores, para actualizar la mente colectiva y para reflejar una sociedad que, cuando menos, cuestiona los valores del heteropatriarcado y apunta a su obsolescencia, por fin.

Creo que la evolución social y la evolución individual vienen juntas con frecuencia. Un cambio en cada individuo causa cambio social si son muchos individuos o si tienen la suficiente relevancia; y un cambio social repercute, necesariamente, en el individuo.

La sociedad es un ente y evoluciona, es inevitable. Algunos individuos somos más resistentes al cambio y tendemos al conservadurismo, ya hemos reflexionado, ya hemos sopesado y ya hemos decidido: estamos cómodos en nuestras convicciones y no queremos pasar por ese trabajo de cuestionarlo todo otra vez. Otros somos más flexibles y nunca dejamos de reconstruirnos, nos incomoda la estasis forzada y abrazamos la renovación.

Acepto mi error conceptual y abrazo el cambio. Sí creo que se puede usar el lenguaje como herramienta y que es elección de cada uno, pero creo también que el respeto pasa por tener en cuenta a las minorías oprimidas. El colectivo que no encaja en el binarismo sexual, está discriminado por el lenguaje tradicional; y la condición social desigual de las mujeres respecto a los hombres se refuerza en el lenguaje tradicional por ausencia de formas femeninas generalistas o de una forma neutra que no acarree los valores heteropatriarcalistas de antaño.

El cambio no es necesario en términos de comunicación, es imprescindible en términos de respeto y de reivindicación. Es un símbolo y es reflejo de una sociedad abierta a una nueva concepción de sí misma.

No se trata de eliminar el «todos» que ya está ahí como forma de plural neutro, se trata de aceptar y naturalizar el «todas» con el mismo valor, precisamente porque no está.

Asumir «lo masculino» como norma en la lengua no acarrea ningún daño si la sociedad está madura en igualdad de género, pero resulta que no lo está (la prueba son todos aquellos que no se ven representados ni respetados en sociedad, que por no verse reflejados ni en un «él» ni en un «ella» se ven como una anécdota o una anomalía; y la prueba son todos los datos comparativos que nos salen por las orejas: violencia, oportunidades laborales, salarios, tareas del hogar, cuidado de los hijos, etc).

Nos estamos formando, estamos aprendiendo, y estamos cambiando, pero aún queda mucho por hacer, y el lenguaje sí supone una barrera más si la sociedad en su conjunto no ha aprendido aún que no somos necesariamente binarios, y que no hay taras biológicas que hagan a la mujer más incapaz que el hombre, ni ventajas evolutivas que hagan al hombre más capaz que la mujer. El lenguaje no es otra cosa que una herramienta para asentar la igualdad y el respeto, y a la vez es un reflejo de esa maduración social, o del deseo social de alcanzar una igualdad real.

Por supuesto que nadie está obligado a usar el lenguaje inclusivo —no lo estoy haciendo—, pero no condenemos a quien impulsa el cambio, a quien utiliza cuanto está a su alcance para hacernos mejores a todas

 

  • Este vídeo (YouTube, 11 min) es muy recomendable para empezar a reflexionar sobre estos movimientos, queer y transfeminismo, que  menciono al comienzo.
  • Esta entrada del blog «Escritura feminista» explica el transfeminismo de forma breve.
  • Y la teoría queer otra vez (el mismo enlace que tengo arriba).

 

 

Cita. En busca del tiempo perdido. Por el camino de Swann. M. Proust

Lo que a mí me parece mal en los periódicos es que soliciten todos los días nuestra atención para cosas insignificantes, mientras que los libros que contienen cosas esenciales no los leemos más que tres o cuatro veces en toda nuestra vida. En el momento en que rompemos febrilmente todas las mañanas la faja del periódico, las cosas debían cambiarse y aparecer en el periódico, yo no sé qué, los… pensamientos de Pascal, por ejemplo -y destacó esta palabra con un tono de énfasis irónico, para no parecer pedante-; y, en cambio, en esos tomos de cantos dorados que no abrimos más que cada diez años es donde debiéramos leer que la reina de Grecia ha salido para Cannes, o que la duquesa de León ha dado un baile de trajes»

Por el camino de Swann, primer libro de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust

A parte de los libros con cosas esenciales, que ya no me atrevo a decir que los leemos siquiera, muy de acuerdo. No solo ignoro quién vive con quién, cómo visten, dónde veranean, o si el color de su pelo es natural o no; también ignoro nombres, profesiones y hobbies de casi todas las «personalidades» que ocupan nuestras pantallas y las páginas de nuestros periódicos. No lo puedo evitar: no me importa. No me importaron nada de nada los famosos tomates de los calcetines de Rajoy -¿era Rajoy?-, o si a las hijas de Zapatero -espera, que tiene dos hijas- les iba el estilo gótico; pero tuve que saberlo, no hubo opción. Me vomitaron la goticidad y los tomates por todos los medios, y tuve que saberlo. Ahora bien, detalles más concretos sobre los programas de algunos partidos, de eso no me entero ni yendo a preguntarles a ellos (verdad verdadera. Muchas veces les envío correos electrónicos manifestando mis dudas y pidiendo respuestas, y no siempre obtengo respuesta alguna… raramente respuesta a mis preguntas… espera, ¿raramente? ¿ha ocurrido alguna vez que algún partido haya respondido a mis preguntas? hmmm… no sé… ¡Sí! ¡UPyD! Dijeron más o menos que «pasa palabra», pero lo dijeron).

Sufro con las personas que no conciben que yo no sepa quién es «triunfito número 28» o «gran hermano número 35», me hablan de ellos como de alguien a quien de hecho conozco, o conocen, y cuando manifiesto que ni sé quiénes son, ni me importa si se tiran pedos sordos o sonoros, da igual, porque es básico para la existencia saber que Fulano de Tal le tiró los tejos a Mengano de Cual, o que Citano denunció al otro por… ¡¡que-me-la-pela-joder-ya!! (así me siento por dentro). Por respeto a esas personas que viven la vida de sus famosillos pasionalmente -yo tampoco sé por qué respeto, supongo que por la parte de «personas»-, me limito a suspirar cuando necesito aliviarme un poco de la sarta de nombres y sucesos totalmente desconocidos y descontextualizados. Sonrío y asiento mecánicamente, a veces finjo interés acompañando un «¡no me digas!» y hasta alguna pregunta que construyo con cuatro palabras recogidas del reciente discurso. Discurso que, por otro lado, no entiendo. Es como si me hablasen otro idioma.

Aunque parezca mentira, no resulta fácil comprender las palabras «no sé quién es». Suelen generar un «¡Sí» (que no, que te aseguro que no, pero si insistes, pues sí… vale). «Es la hermana del primo del vecino del anciano del gato que vivía al lado del sobrino de la señora que tenía un amigo que llevaba tirantes y conocía a la hermana del hijo de… blablablablabla… Pepito» Y Pepito es otro que tampoco sé quién es, pero la experiencia me dice que no es bueno manifestarlo, porque genera otra hora de relaciones humanas irrelevantes entre gente desconocida, y que va a parar a más gente desconocida y sus irrelevancias. Yo me suelto la melena con un «¡Ah! ¡Pepito! Sí, ese de [repito como un loro cuatro cosas y a veces me aventuro a lanzar alguna afirmación al azar… casi siempre acierto… o ni se enteran de que me lo he inventado]», y parece que esto me sitúa más cerca de «pasamos a la vida real«… Ya lo de pasar a cosas que importan, es harina de otro costal.

Sería todo más sencillo si estas informaciones vacías no apareciesen en todas las pantallas, revistas y muchos periódicos. Al menos yo no sufriría tantos ataques gratuitos. Sí, son ataques. ¡Claro que son ataques!

No sé si seríamos más humanos, de seguro más conscientes. Pero no es el caso. Seguimos encontrando en los periódicos y en la tele un montón de información irrelevante sobre el catarro del bebé de la infanta, el modelito de Fulanito en el evento Tal, y hasta la marca de moreno de alguien que tuvo la desfachatez de ir a la playa y ponerse un bañador con corte diferente al anterior.

El debate relevante no es si Mengano llevaba o no un corte de pelo adecuado para pasear al perro, o si el perro llevaba o no medallón con el nombre; el debate relevante no es si Pablo ha leído a Kant o si Albert tiene alguna referencia en filosofía; el debate relevante es de otro tipo, plantea temas de interés común que nos afectan a todos, y nos ayudan a entender otros puntos de vista.

Pero nada, sigamos gritando en vez de hablar y practicando el consumo insalubre de información irrelevante y desinformación crítica.

¿Ignorancia o arrogancia?

Lo que lo indignaba era la actitud de la población. Los residentes de Santa Mónica parecían más disgustados por los cortes temporales de energía que por los veintitrés planetas que se habían perdido a manos de monstruos alienígenas […]. Los terrícolas parecían considerar la invasión otra noticia más, algo muy lejano que les había pasado a otras personas. Kazimir no sabía muy bien si eso era ignorancia o arrogancia.

Peter Hamilton, La Estrella de Pandora, Saga de la Commonwealth.

Quizá los terrícolas consideramos todo otra noticia más, algo muy lejano que les pasa a otras personas.

♪ But you see, it’s not me, it’s not my family.

Zombie No need to argue, The Cranberries 1994

Idea de Reality

El reality show que no querría perderme.

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Santuario

Esto es una entrada programada, el momento en que La Rizos amaneció saludando a Santuario, puede que quede ahora lejos. Al leer su buenos días, no pensé en ningún santuario, y como siempre, mis conocimientos geográficos son más profundos en fantasía que en la realidad, así que evoqué la famosa Ciudad de Santuario, que visité hace ya no se sabe cuántos años.

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