Kirabdel

Un universo colaborativo

Categoría: Personal

Sentí la globalidad

Estaba leyendo el Cómo ser mujer de Caitlin Moran y sentí la globalidad de rebote.

Cuando mis padres eran veinteañeros eso de Londres, Roma o París eran capitales mayores, sitios casi alienígenas donde había cosas increíbles, desde moda textil impensable hasta grupos musicales transgresores y hábitos fascinantes como el té de las 5 (que es a las 6).

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Decía Ana Luz que de «pasito» nada, que «El Paso»

Vivimos tiempos de sequía creativa y no me da ni para bloguear como es debido.
Traigo ahora información fresca aunque con retraso —como poco es refrescante—.

Como muchos sabéis, entre mis targets editoriales estaba la Editoral Cerbero, que me tenía muy enamorada ya desde hace un año. Y resulta que son los únicos con la recepción de manuscritos abierta en el momento en que decido dejar de darle vueltas a la criatura.

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El lenguaje inclusivo y yo

Yo también dije que estábamos volviéndonos locos con el lenguaje inclusivo y que era importante entender la diferencia entre género gramatical y género sexual.

Esto fue hace diez o quince años, cuando la teoría queer era algo lejano y cuyo nombre desconocía. El movimiento queer era muy joven, no había cumplido los veinte años aún y el transfeminismo estaba recién bautizado.

El problema de inclusión era tan básico y esencial que yo sólo pude reducirlo a lo inmediato, y el lenguaje inclusivo me parecía un esfuerzo vano, un intento casi retorcido de igualizar artificialmente el lenguaje cuando quedaba tanto por igualizar en la vida. ¿Cuál podia ser la relevancia de una lengua escrita más igualitaria si no tenía una solución válida en el habla? El habla es el pan de cada día, ¿cuánto me ayuda escribir «todxs» si no puedo pronunciarlo? Por supuesto, entendía que ciertas palabras de herencia sexista se acomodasen a la nueva realidad; en el lenguaje, como en la vida, tenía que haber médicas y enfermeros. Pero evitar «el cuerpo de maestros» porque es masculino, tener que citar cada vez «maestros y maestras», «alumnas y alumnos» conducía a una complicación innecesaria.

—¿Pero por qué va primero el masculino?
—Usté perdone, diré «maestras y maestros», entonces.
—¡No se trata de una concesión! Hay que naturalizarlo.
—¿Pero cómo? ¿A las maestras y maestros y/o maestros y maestras?

Me parecía una forma de comunicación engorrosa y no veía que favoreciese en nada los problemas que sí me preocupaban: la mujer trabajadora, la conciliación laboral, la implicación igual del varón en el cuidado de la casa y de los hijos, la violencia de género, la misoginia generalizada… Y no pensé entonces en el problema de quien no se considera ni esto ni lo otro, el problema de la imposición de un binarismo sexual que simplifica —de manera artificial— algo más complejo y genera un conflicto porque no todos entendemos la sexualidad a la manera de la norma arbitraria que se impuso años atrás.

Sí entendía que no tenemos por qué estar todos cortados por el mismo patrón y que la libertad sexual pasa por aceptar que hay otras opciones diferentes e igual de sanas y naturales que la heterosexualidad monogámica que nos han metido por los ojos, particularmente si esta, la heterosexualidad monógama, es de hecho libre y no forzada o condicionada por una sociedad sometida al juicio de poderes misóginos. Pero no supe ver el lenguaje como una herramienta para desterrar los instintos conservadores, para actualizar la mente colectiva y para reflejar una sociedad que, cuando menos, cuestiona los valores del heteropatriarcado y apunta a su obsolescencia, por fin.

Creo que la evolución social y la evolución individual vienen juntas con frecuencia. Un cambio en cada individuo causa cambio social si son muchos individuos o si tienen la suficiente relevancia; y un cambio social repercute, necesariamente, en el individuo.

La sociedad es un ente y evoluciona, es inevitable. Algunos individuos somos más resistentes al cambio y tendemos al conservadurismo, ya hemos reflexionado, ya hemos sopesado y ya hemos decidido: estamos cómodos en nuestras convicciones y no queremos pasar por ese trabajo de cuestionarlo todo otra vez. Otros somos más flexibles y nunca dejamos de reconstruirnos, nos incomoda la estasis forzada y abrazamos la renovación.

Acepto mi error conceptual y abrazo el cambio. Sí creo que se puede usar el lenguaje como herramienta y que es elección de cada uno, pero creo también que el respeto pasa por tener en cuenta a las minorías oprimidas. El colectivo que no encaja en el binarismo sexual, está discriminado por el lenguaje tradicional; y la condición social desigual de las mujeres respecto a los hombres se refuerza en el lenguaje tradicional por ausencia de formas femeninas generalistas o de una forma neutra que no acarree los valores heteropatriarcalistas de antaño.

El cambio no es necesario en términos de comunicación, es imprescindible en términos de respeto y de reivindicación. Es un símbolo y es reflejo de una sociedad abierta a una nueva concepción de sí misma.

No se trata de eliminar el «todos» que ya está ahí como forma de plural neutro, se trata de aceptar y naturalizar el «todas» con el mismo valor, precisamente porque no está.

Asumir «lo masculino» como norma en la lengua no acarrea ningún daño si la sociedad está madura en igualdad de género, pero resulta que no lo está (la prueba son todos aquellos que no se ven representados ni respetados en sociedad, que por no verse reflejados ni en un «él» ni en un «ella» se ven como una anécdota o una anomalía; y la prueba son todos los datos comparativos que nos salen por las orejas: violencia, oportunidades laborales, salarios, tareas del hogar, cuidado de los hijos, etc).

Nos estamos formando, estamos aprendiendo, y estamos cambiando, pero aún queda mucho por hacer, y el lenguaje sí supone una barrera más si la sociedad en su conjunto no ha aprendido aún que no somos necesariamente binarios, y que no hay taras biológicas que hagan a la mujer más incapaz que el hombre, ni ventajas evolutivas que hagan al hombre más capaz que la mujer. El lenguaje no es otra cosa que una herramienta para asentar la igualdad y el respeto, y a la vez es un reflejo de esa maduración social, o del deseo social de alcanzar una igualdad real.

Por supuesto que nadie está obligado a usar el lenguaje inclusivo —no lo estoy haciendo—, pero no condenemos a quien impulsa el cambio, a quien utiliza cuanto está a su alcance para hacernos mejores a todas

 

  • Este vídeo (YouTube, 11 min) es muy recomendable para empezar a reflexionar sobre estos movimientos, queer y transfeminismo, que  menciono al comienzo.
  • Esta entrada del blog «Escritura feminista» explica el transfeminismo de forma breve.
  • Y la teoría queer otra vez (el mismo enlace que tengo arriba).

 

 

A vosotros, los que creéis en mí

Si la novela sale para adelante cuenta conmigo para que la compre y lea. La escritura siempre fue lo tuyo… pero te decantaste por la ciencia.

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Migrando

Como muchos sabéis, he empezado un camino que abre paso a la gran pasión de mi vida: la escritura.
Para ello, creí conveniente preparar mis redes sociales porque esto me lo estoy tomando en serio, y he estado muy atareada:

  • He escrito una novela.
  • He sometido a la criatura a corrección y a procesos beta.
  • He creado mi página de escritora en Facebook (@martatrvidal)
  • He creado mi perfil de escritora en Twitter (@martatrvidal).
  • He indagado acerca del proceso de publicación de una novela.
  • He encontrado editoriales en las que encajaríamos muy bien las dos, mi novela y yo.
  • He reescrito mi novela.
  • He re-beteado y re-corregido mi novela.

Y también he pensado que con eso no basta y que Diego tenía un universo entre manos, que lo quería poner a prueba y que las pruebas se ralentizan porque no es fácil poner de acuerdo a un lote de gente de edades diversas, de perfiles variados y asentados en localidades distanciadas.

Diego ha sido de mucha ayuda en el proceso creativo de La cuna de las almas, con paciencia para escuchar mis inseguridades, optimismo para animarme y criterio para ayudarme a madurar ideas y para definir o matizar aspectos de la novela que rompen con la fantasía clásica del héroe y del elegido.

El universo en el que se desarrolla la historia está apenas esbozado en la novela. Vemos un pequeño fragmento de un mundo entre muchos y apreciamos pinceladas de magia con trazos esquemáticos, sin sombreados ni matices que la enriquezcan. Queda mucho por contar.

Diego, por su parte, también tenía muchas ideas en su tintero y su esbozo de universo bien podía fusionarse con el mío y juntos podíamos dar a luz un proyecto que, de alguna manera, siempre estuvo en nuestras mentes: Kirabdel.

Queremos que Kirabdel te ofrezca el material que necesitas para tus campañas roleras, pero también que te inspire y puedas desarrollar tus propios dibujos, relatos e ideas. Con el tiempo nos gustaría llegar a formar una plataforma de fanart, una comunidad dinámica donde la capacidad creativa de la comuna colaboradora rehaga a Kirabdel continuamente, llenándole de contenido original y versátil que podamos usar en nuestras campañas, nuestras novelas y nuestras tiras cómicas.

Por eso Kirabdel tiene un rincón para La cuna de las almas y para Marta Vidal, la escritora. Y por eso hemos importado las entradas más lietarias de Marta, la persona, desde blogs más antiguos. Encontraréis aquí las entradas más relacionadas con las letras, los libros y la literatura, y alguna que otra que, por entrañable o porque sí, creí conveniente traer también.

Aunque Kirabdel sigue en gestación, su magia lo proyecta en las coordenadas de nuestro aquí y ahora como soporte de difusión de La cuna de las almas.

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¿Por qué escribo?

Juan Freire fue uno de mis profesores y además, odia escribir. También lo lleva mal Miqui Otero, y lo detesta con su alma Daniel Ortiz Amézaga.

Yo no lo tengo claro, pero si me he puesto con esto de por qué escribo es un poco por culpa de mi jefa de laboratorio literario, que me recordó que la cosa de escribir no es una orgía de ideas y devastación creativa desenfrenada, sino un suplicio.

Un suplicio, tal vez, pero un suplicio que nos llena. Y somos masocas.

No sé si me gusta o no. No sé si lo amo o lo odio. ¿Soy adicta?

Quizá lo mío no es la deriva placentera y relajante que, al parecer, es para tantos. Pero tampoco la tortura innombrable de los que, con tanto que dicen sufrir, van y escriben. Quizá lo mío no es ni blanco ni negro.

Quizá hay una amplia gama de grises y yo puedo sentirlos todos. Uno, una vez; otro, otra; variando según tantos factores que resulta imposible enumerarlos.

Tiene sentido que sea así, porque en general, no me toca ni el blanco ni el negro. En general puedo ver malo en lo bueno y bueno en lo malo. En general, estoy hecha de matices, voy a veces, vengo otras, subo a un piso y bajo a otro.

Me han dicho que les relaja, que les entretiene, que les sirve de consuelo, de desahogo y hasta para ordenar sus ideas.

A mí escribir me consume. Me deja sin vida cuando ando absorta y no tengo cerebro para otra cosa que dar forma a una trama que se me atraganta; me crispa cuando los dedos se retrasan lo suficiente para que se me pierda el hilo; me decepciona cuando lo que escupen las teclas ya no se parece a la delicia armónica y suave que nació en mi mente; y me frustra cuando no apunté esto o aquello y no consigo recuperar la idea esas que pierdes, son siempre brillantísimas.

En el cénit del proceso literario el efecto de escribir una novela se parece mucho a los síntomas de una crisis de estrés:

  • No te la puedes quitar de la cabeza y no prestas atención a otras cosas que estás haciendo.
  • Todo te preocupa, te la pasas arreglando algo que no ha ocurrido aún o previendo consecuencias de algo que tal vez jamás ocurrirá, porque esa idea a la que tanto has dedicado, tal vez decidas descartarla.
  • Miras atrás una y otra vez, porque quizá haya que empezar la trama antes, o después.
  • No duermes porque la estás pensando, no vives porque la estás madurando.
  • Tu novela te preocupa tanto que hasta te da miedo que le pase algo, ¿pero qué le va a pasar si no es que la saques de ti de una puñetera vez? Y a ti te duele la criatura como una extracción molar sin anestesia.

¡Es un sinvivir!

Te cuesta decidir si hacer o no tal o cual cambio, te emocionas con una nueva idea, te da miedo abandonarla; te parece que el estilo es pobre, la trama una mierda y la novela el error de tu vida. No escuchas a la gente y estás deseando que te dejen en paz para poder pensar en tu novela. Sueñas con personajes, con alguna trama o con escribir… si tienes la suerte de conciliar el sueño. Probablemente tomas más café que nunca y, si eres fumador, enciendes más cigarros aunque luego se consumen en el cenicero.

Y después de todo esto, llega ese momento en el que la criatura está a punto de ver la luz, y si debería uno sentir al fin la plenitud y la satisfacción del nacimiento, lo que algunos sienten es una inseguridad tan grande, que se los come.

¿Cómo puede relajar?

Escribir es frustrante y cansino y, encima, permanece, para que siempre pueda venir alguien a recriminarte lo que una vez dijiste.

Y entonces, ¿POR QUÉ ESCRIBO?

Una puerta se abre. Otra se cierra

Salgo con mi ramo de flores, el calor de los abrazos, la emoción de los «we´ll miss you so much«, las postales llenas de cariño, agradecimiento y enhorabuenas; con mis £30 en tarjetas regalo, unas lágrimas secándose antes de caer, y el corazón encogido. Encogido porque dejo un voluntariado que me satisfacía enormemente. Encogido porque un full-time permanent en la fábrica es la renuncia a todo el esfuerzo académico de mi vida, ¿pero qué otra cosa hacer si cualquier licenciado, cualificado para enseñar en secundaria, con varios idiomas, certificados de profesionalidad, premiado por su dedicación como voluntario… solo sirve para limpiar váteres o para peón de fábrica? Me pregunto para qué sirven entonces todos los que no tuvieron opción, o no quisieron estudiar siquiera. Si ya no son ellos los peones, los camareros,  los limpiadores y todo este estrato laboral, ¿qué les queda?

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Reseña 2012

El 2012 trajo desasosiego, incertidumbre, miedo y decepción, porque hay demasiados votantes irresponsables; porque no hay partidos que nos representen dignamente y porque, en esta ocasión, la Navidad pasó con escasez de turrones y mazapanes, porque Papá Noel no pudo visitar todas las casas -quizá porque llevaba el cinturón tan apretado, que apenas podía respirar- y porque los padres temían por la educación de sus hijos, los cuidados de sus padres y el desahucio homicida de alguno de sus vecinos… o el suyo propio.

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El futuro es Ele, la niña que lee.

No hace mucho estuvimos en España. En España todo es maravilloso, excepto el ambiente depresivo, los desahucios, la escasez de transporte público accesible, los no-representantes de un pueblo ya muy molesto… bueno, esas cosas.

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Santuario

Esto es una entrada programada, el momento en que La Rizos amaneció saludando a Santuario, puede que quede ahora lejos. Al leer su buenos días, no pensé en ningún santuario, y como siempre, mis conocimientos geográficos son más profundos en fantasía que en la realidad, así que evoqué la famosa Ciudad de Santuario, que visité hace ya no se sabe cuántos años.

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