Cualquier cosa que una a dos personas es íntima. Una conversación, un beso, un susurro. Hasta pelear es íntimo. Pero nosotros no somos extraños respecto al sexo. No nos avergonzamos de él. No creemos que sea importante quedarnos el sexo de otra persona para nosotros solos, como un avaro que acumula oro […]

—Pero ¿y el amor? —pregunté, un poco indignado—. ¿Qué pasa con el amor?

[…] Se me había olvidado lo atrasados que sois. Mi rey poeta también era así. Tardó muchísimo en comprender la verdad: que existe una gran diferencia entre el pene y el corazón.

El temor de un hombre sabio, Crónica del asesino de reyes, Patrick Rothfuss.