El honor, la cortesía, la justicia… no son reales, Traspié. Todos fingimos que lo son y los blandimos como escudos. Contra quienes se han desecho de ellos, no son escudos, sino armas adicionales que empuñar contra sus víctimas.

La senda del asesino, hexalogía del Vatídico (o The Farseer Trilogy en la versión en inglés), Robin Hobb (Margaret Astrid Lindholm Ogden)

Me recuerda a aquel comentario que envié a Dita (turno de tarde del grupo de lectura de la Biblioteca Pública Estatal de Zamora allá por el 2000 y poco) en relación con El Corazón Helado, de Almudena Grandes. Planteaba que cierto personaje sin escrúpulos podía parecernos cualquier cosa despreciable, pero que a fin de cuentas, era libre. Era más libre que cualquiera, no sujeto a valores que no sean sí mismo, no condicionado por principios morales o ética alguna. El hombre iba y venía a su aire; cambiando de amistades, de ambientes y de ideología sin más; movido por intereses propios y sin dudar que su fin justificaba todos los medios.