El MÚLTIPLE, el árbol llamado Hurr por las criaturas capaces de gruñir, tenía setenta y siete párpados engarzados en su nudoso tronco. Numerosas decenas de ellos estaban cerrados la mayor parte del tiempo. A veces abría alguno. Los ojos que había debajo eran de las más variadas formas y colores. Algunos eran ojos de pájaro, otros de niño, otros de lobo y otros de anciano. Un día, de pronto, encontró un objeto al que nunca antes había prestado atención: un libro. Y supo entonces que necesitaría los ojos de un ser humano para aprender a leer.

Oculi Arboris, Sofía Rhei

Con los ojos de niño y de anciano, ¿por qué necesita Hurr los ojos de un ser humano para aprender a leer? ¿Es que el niño no había aprendido aún y el anciano ya no veía? ¿O Hurr llama niño y anciano a otros que no son el ser humano? ¿O eran el niño y el anciano de un tiempo en que no había libros, y por eso Hurr no les había prestado atención? ¿O es que Hurr no hizo la asociación? ¿O necesitaba una excusa para hacerse con otro ojo?

Leí esta maravilla de Sofía Rhei en el mes de octubre, durante unas vacaciones que me permitieron enriquecer mi #LeoAutorasOct de 2019, pero vengo a recomendarlo tarde, tan tarde.

Comentar un libro que he leído hace unos meses está mal, porque se me enfrían las emociones y pierdo detalles.

No pierdo que Oculi arboris es una historia con sabor a cuento y que destila una imaginación viva y un encanto naturalista que, de forma lejana, me hace ver tonalidades de fantasía druidíca: Hurr bien podría ser un roble milenario con ideas propias.

Es una historia de contrastes donde la naturaleza, o lo que se nos antoja natural, no siempre responde a una sabiduría ancestral benevolente y compasiva. Es una historia diferente, original, llena de detalles, de interpretaciones y, como decía, de contrastes, hasta lo que está bien y lo que está mal se confunden.

Hurr, un árbol, como la ciencia insaciable que busca conocimiento sobre todas las cosas y no duda en abrir un cuerpo vivo para entender su funcionamiento, aunque después no sepa cerrarlo y devolverle su esencia. El Múltiple toma ojos de las criaturas para ver y sus ojos robados miran el mundo desde el entendimiento de los múltiples seres que lo pueblan. 

Miguel, un hombre, como la fe y el origen, una fe abandonada por esa otra fe institucionalizada.

Y las criaturas de Miguel, que protagonizan la interpretación de Hurr y de Miguel, del bosque prohibido, del mundo y de la creación en sí. Y se manifiestan en la impresión, que dibuja las criaturas al comienzo de cada capítulo.

Oculi arboris es el contraste dentro del contraste: la ciencia representada en un árbol, un ser que culturalmente asociamos con la sabiduría natural. Y el amor creador de naturaleza encarnado en un hombre, que asemejamos socialmente a un parásito destructor de lo natural.

En este sentido, Oculi arboris ofrece una inversión de papeles donde el régimen tiránico es a la sombra de un árbol y el cambio, para bien o para mal, viene de la mano del hombre, del hombre creativo, incomprendido por sus afines pero con la habilidad de alterar la realidad aprendida y hacer a los seres naturales de novo.

Representan, tal vez, dos fases en los ciclos del Bosque, de la naturaleza, viva, hermosa y sufriente.

Oculi arboris es un libro bonito, escrito con un lenguaje hermoso, natural y cantarín como las criaturas que define. Sofía, ¡queremos más!