No he leído Barro, el primer libro de Post Scriptum, pero entiendo que, aunque las novelas estén relacionadas, se pueden leer independientemente. 
Quizá me pierdo algo, la posibilidad de ver una evolución entre ellas, no sé.

Carne va de individuo, de identidad y de sociedad; de rehacerse, de desencasillarse, de cuestionar y de vencer el miedo del que nos alimenta el colectivo.

Los protagonistas son como dos partes de un todo: la parte que se aventura y la que solo sale de su zona de confort alentada por los descubrimientos de la otra.

Se presenta un contraste de entorno aséptico y relación indirecta, siempre en el envoltorio de plástico, frente a la vastedad sensorial del contacto físico. Oler el mundo frente a oler aire tratado y reciclado, oír personas frente a oír televisiones, tocar piel contra textura frente a palpar desde un guante…

También va de la excitación del descubrimiento. Adami transmite la curiosidad, el entusiasmo y el deseo entre las palabras hiladas en lo que podría parecer una dependencia, incluso una obsesión, platónica.

Amaba la realidad antes de conocerla (tal vez, en el fondo, siempre la ha conocido), y no sufrió desengaño después. Amó a Adana y sus encuentros, y siguió amándola después, queriendo compartir su experiencia de la realidad y que Adana la experimente también.

Del lado de Adana percibo una cáscara de inseguridades, agrietada por la certeza: al otro lado está Adami y en Adami confía, así vence Adana sus reticencias y se lanza a descubrir, de la mano de Adami, aunque ya no esté.

El estilo me agrada, el cómo Alicia viene y va, te lleva y te trae, con frases que empiezan donde acaban, conceptos contrarios en las mismas palabras y una suerte de rizos suaves, curvas y ondas de palabras interdependientes.

Me gustó mucho esta, tal vez porque aparece bastante pronto en el relato y aún no sabía que habría mucho de esto:

paradojas estúpidas que solo demostraban cómo el lenguaje podía deformar la descripción de la realidad por mucho que la realidad no tuviera idea de a qué se refería el lenguaje

CARNE, ALICIA PÉREZ GIL

El salto de la realidad al lenguaje, que no puede traducirse sin que algo se pierda o algo se añada, haciéndola subjetiva a pesar de su objetividad.

Estos elementos conceptuales encontrados refuerzan los contrastes del relato. El engaño colectivo, que enmascara todo un mundo, y el cambio de vida radical, atreverse a asomar el hocico y empaparse de realidad. La sociedad de emociones estériles y, a la vez, el amor incondicional latiendo a pesar de la distancia; la castración sensorial y el despertar de todas las sensaciones… El individuo disuelto en el colectivo de forma deshonesta, y la recuperación de la individualidad para fundirse en el colectivo… honesta y voluntariamente.

Ya hacia la mitad, no me resistí a guardarme esta otra, que encierra el amor de Adami, un poco de espíritu rescatador, como Morfeo en Matrix; y claves del contenido:

Recuerda lo que serás y que me pesa en la conciencia la conciencia de que eres.

cARNE, aLICIA pÉREZ gIL

Es cierto que, aunque me gustan estos enrevesamientos conceptuales y lingüísticos, la lectura se me hizo pesada en algún momento hacia la mitad. No sé decir si más hacia atrás o más hacia adelante porque no me paré a mirar por dónde iba. Lo leí en dos días y la lectura la interrumpí por razones ajenas a sí.
¡Anda que no tuvo páginas y páginas cansinas la caída libre de Ozzie y Orión en Judas Desencadenado! Y sobrevivimos.

Carne es muy cortito y esa parte más pesaduca se pasa enseguida, apenas te planteas que ya cansa, y ya ha dejado de cansar; sigues leyendo tan feliz.

Gracias, Alicia ^_^