Estaba leyendo el Cómo ser mujer de Caitlin Moran y sentí la globalidad de rebote.

Cuando mis padres eran veinteañeros eso de Londres, Roma o París eran capitales mayores, sitios casi alienígenas donde había cosas increíbles, desde moda textil impensable hasta grupos musicales transgresores y hábitos fascinantes como el té de las 5 (que es a las 6).

Cuando un turista era extranjero, era también lo más hermoso que jamás se había visto, los extranjeros no tenían verrugas, ni estrabismo ni dientes torcidos. Los alemanes hacían todo mejor que nosotros (y que nadie), todos y cada uno de los alemanes eran una especie de ingenieros natos portadores del gen de la genialidad técnica.

Mis primeras gominolas “con vitamina C” fueron alemanas porque, como buena gallega, tengo familia dispersa por el globo y el tío de Alemania traía golosinas que no existían en nuestros quioscos, y el tío de Suiza traía unas chocolatinas que… bueno, ahora se ponen con el cafelito en muchas cafeterías de España, tanto cambiaron las cosas.

De esa distancia tremenda entre unos y otros, que parecíamos proceder de universos particulares, pasamos a cuando Caitlin Moran, que habla desde niña un idioma que yo aprendí después, dice

Mi amiga Alexis vio hace poco a un «caballero de la calle» sentado en la entrada de una tienda, bebiendo una lata de cerveza a las 9.07 de la mañana.

«¡Ja, ja, ja! ¡No estoy siendo políticamente correcto!», le dijo el vagabundo, blandiendo su lata a modo de brindis.

Desde luego, estar como una cuba a las nueve de la mañana en la entrada del Primark de Western Road, en Brighton, no tiene nada que ver con lo «políticamente correcto».

y yo me pregunto si este ‘street gentleman’ sería alguno de los que yo me encontraba en esa calle. De pronto, somos un único universo y el único mundo es tan pequeño que las amigas de una señora de otro país, que habla otro idioma y no sabe lo que es una caldeirada de pulpo, se cruzan por la calle con las mismas personas que yo.

Que vaya cosa fui a sacar del texto… Bueno, de que haya caballeros de la calle y patriarcado, hablaremos en otro momento.